miércoles, 18 de abril de 2012

Tendencia Ecologista

La tendencia ecologista ha venido criticando la manera desprevenida como el desarrollo industrial destruye los paraísos primitivos del ecosistema. Es una tendencia que se origina en los estudios de la biología y, más específicamente, de la ecología biológica.

El testimonio más claro de esta crítica se puede encontrar quizás en el hermoso libro de Rachel Carson, La primavera silenciosa, aparecido en 1960, donde la bióloga norteamericana se apoya en una rica literatura anterior.


La segunda perspectiva proviene de las disciplinas tecnológicas. Se confunde por lo general con los problemas técnicos planteados por los efectos contaminantes de la actividad humana. Desde los años 50 se han venido multiplicando los estudios tecnológicos para contrarrestar los impactos sobre el medio. La ingeniería ambiental o sanitaria se ha especializado en este tipo de soluciones, que por lo general no intentan prevenir los efectos, sino remediarlos una vez acaecidos.


La ciencia económica, por su parte, se ha encontrado casi desde sus inicios con la contradicción que conlleva el crecimiento económico con los límites internos o externos que hacen prever o temer el advenimiento de un estado estacionario. Sobre esta preocupación, anunciada ya en los clásicos, los economistas modernos han planteado los límites externos de la producción económica, en términos ambientales. Boulding o Heillbroner hacen énfasis en la necesidad de pasar de la economía del cowboy a una producción de sistema cerrado, dado que los elementos naturales de los que se abastece son necesariamente limitados.


Desde otra perspectiva, los urbanistas han analizado el desequilibrio de las ciudades al mismo tiempo como estructuras físicas y como construcciones culturales. La ciudad representa no sólo el refugio del hombre, su particular hábitat, construido por fuera del ecosistema, sino también el gran acumulador que absorbe la energía de múltiples ecosistemas.

Por su parte, los científicos sociales se preocupan más por el deterioro de la calidad de la vida cotidiana, oprimida por las estructuras tecnológicas y por las condiciones de trabajo.


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